Quién soy
De dónde viene la convicción.
Me bautizaron con 24 nombres —Juan, Alejandro, Francisco, País, Magia, Acuario, Heme Aquí— el día de San Francisco de 1988. Con agua y un poco de Ron Macondo, entre lecturas de la Biblia, el Corán, el I Ching y el Popol Vuh.
A los 8 años hablé sobre el ataúd de Mario Calderón, el sacerdote que me bautizó, asesinado en 1997. Un año después, a los 9, frente a 20.000 personas en la Plaza de Bolívar, pedí que pararan la guerra.
"Que lo hagan por nosotros, los niños, que somos sus hijos y que, quiéranlo o no, somos su futuro."
Plaza de Bolívar · Canal Capital · 1998
De ahí viene la convicción de fondo: el arte no es adorno, es una forma de construir país.
Y de ahí también una mezcla que despista a primera vista —actor, gestor cultural, abogado de formación—. En 2017 ese cruce me sentó en un estrado judicial y la prensa lo contó como una curiosidad. No es dispersión: para que el arte sirva, hay que saber moverse entre la creación, la comunidad y el poder. Me tocó aprender en los tres.
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